A vista de pájaro: detrás de la ventana

By Antoni Cuadrada on 2. abril 2020

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Numerosas son las fuentes de las que recibimos gran cantidad de pronósticos y estimaciones, apuntando hacia el corto y medio plazo de la economía aún cuando el concepto largo plazo hace años que desapareció de nuestras ecuaciones.

La crisis económico-financiera derivada del COVID-19 tendrá una corta duración, así como una contundencia durísima pues después de multitud de análisis, el consenso finalmente apunta en esa dirección.  Oferta y demanda, ambas están contra las cuerdas y, unidos al sentimiento que es otro de los perjudicados, conforman el puzzle perfecto para una alta intensidad.

La duración de este último ciclo económico expansivo que arranca del 2012 (nivel bajo de la economía), ha sido del entorno de 7 años, extensión coincidente con la media de los ciclos anteriores. Este período que identificamos ha coexistido con una tremenda intervención de todos los bancos centrales y también con unas políticas monetarias ejecutadas inéditas hasta el momento en fondo y forma, aplicadas con enorme intensidad. Sin embargo, ha sido un ciclo muy poco productivo a nivel micro, principalmente para las familias y por extensión los países pues, el poder adquisitivo no ha mejorado y el PIB en términos absolutos no ha recuperado camino -o lo ha hecho muy levemente-, con respecto a los niveles anteriores.

Es más que probable, por mucho que lo lamentemos, que el ciclo expansivo tocó a su fin el año pasado, año en el que ya estábamos, como también se evidenciaba, en una fase de desaceleración de la economía. Sin duda, esa desaceleración ha ganado capacidad de impacto debido a la actual situación. Así pues, nos adentramos en esta fase de corrección que puede durar 3 o 4 años.

Hagamos un acto de memoria trayendo a estas líneas aquellos artículos de prensa que veíamos hasta hace apenas 2 meses; artículos que pregonaban operaciones de fusiones y adquisiciones, anunciaban levantamiento de capitales astronómicos por parte de diversos fondos, indicaban que la bolsa americana seguía marcando máximos de manera concatenada, pero también hablaban de las valoraciones de los activos en zonas altas y por correlación, las rentabilidades en unas tasas muy bajas. ¡Total Complacencia! (Teoría del sentimiento contrario)

No cometí el error, bajo mi juicio, de comparar las bajas tasas de rentabilidad de los activos de riesgo con los tipos de interés de los bonos gubernamentales, ya que estos últimos estaban sesgados por la fuerte expansión monetaria de los últimos tiempos, haciéndolos una referencia no válida. ¿Qué rentabilidad deberían ofrecer estos bonos de los distintos países del mundo, si los tratásemos como una empresa privada con los elevados niveles de deuda que tienen y la escasa generación de ingresos y como consecuencia, balances con pérdidas (déficit)? ¿Esta es la referencia?

No pensemos que una vez termine la crisis del Coronavirus, nos situaremos de manera directa en niveles precrisis, eso no va a ser así, ya que los ciclos mandan y son “soberanos”.

El momento de analizar la acción y gestión de los gobiernos no es éste, dado que nos tenemos que acostumbrar que somos parte y, como tal, hemos de aceptar nuestra “parte” de responsabilidad.

Asumamos la realidad cíclica, preparemos nuestras empresas, hagámoslas más eficientes, deportemos los errores cometidos, ajustemos nuestros modelos, y seamos mucho más “buenas personas” y solidarias con nuestro entorno y el mundo. Este pack ya es un buen y gran objetivo para ponernos manos a la obra.

Antoni Caudera

Sobre el Autor

Antoni Cuadrada acuadrada@horwathhtl.com